NUNCA JUGUÉ CON MUÑECAS

barb negra

Nunca jugué con muñecas, mi niñez transcurrió en la tranquilidad de una casa grande y una finca desértica de un abuelo amargado. Mi papá borracho tiraba la comida contra la pared por no estar lo suficientemente caliente mientras que yo me escondía entre las faldas de mi abuela. Tuve muchos modelos masculinos a seguir, mi padre borracho, mi hermano hiperactivo o el hermano aquel que siempre se metía en problemas, el dolor de cabeza, el más querido.

Cuando llegaba navidad mis regalos eran las pistolas, el sombrero y el antifaz del llanero solitario y sin embargo SOY MARICA. Podremos utilizar cualquier eufemismo, pero decir gay, raro, loca, afeminado, manita volteada, mariposa, siguen significando la misma cosa “ MARICA ”, aunque sea difícil ignorar la connotación ofensiva de esa palabra.

Nadie abusó de mí, no vi por accidente una escena sexual inapropiada, simplemente una tarde cualquiera escondido entre alguna sábana blanca colgada en el tendedero del patio contiguo, tuve una erección – reveladora erección – que se extendió a la de mi vecino dos años mayor que yo y desde ese momento tuve un hilo invisible atado al meñique como un recordatorio   de que nada volvería a ser como antes.

Vinieron años de miedo, de soledad, de la máscara puesta hasta en los instantes más privados, los padres nuestros y golpes de pecho en la oscuridad, novias, besos sin emoción y llanto clandestino.

Hasta que un día, después de luchar con todos los fantasmas de represión social, dedos punzantes señalándote como un inmoral y lenguas ponzoñosas salpicando saliva envenenada “ Irás al infierno ” “ Morirás de Sida” “Eres una vergüenza para tu familia ”, derribé los miedos como una pared de mariposas y salté a la libertad, fue el primer paso para ser feliz, el primer paso, reconocerme como un ser maravilloso capaz de irradiar felicidad a los demás por el simple hecho de ser libre, marica o no, libre como cualquier persona con gustos diferentes, como el que prefiere el pollo asado al churrasco argentino,  el brandy al tequila, o el reggaetón a la trova cubana.

No sé si nací de esta manera, si mis preferencias sexuales dependen de mi primera erección, si hubiese estado mejor en un rincón del closet abrazando a una mujer por resignación, lo que sí sé es que miro el mundo con la tranquilidad de un ave rapaz, y el salvaje sombrero de la paloma Victoria Coronada y que aceptarnos como somos resulta convertirse en un imán de oportunidades de ser felices y hacer felices a los que te rodean.

Vale la pena, simplemente atrévete a ser tú mismo o tú misma, te aseguro que una vez te quites las etiquetas y los rótulos que la sociedad nos impone, darás el primer paso para que tu entorno sonría contigo.

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