“MAMÁ, PAPÁ, ¡SOY HETEROSEXUAL!”

Bandera

Imaginemos la siguiente escena familiar: A la hora de la cena Mauricio, de 17 años les confiesa a sus padres que es heterosexual ante la mirada atónita de su hermano de 12 años y la hermana mayor Cristina. ¿Qué deberían hacer los padres? ¿Acaso sincerarse y contar sus preferencias sexuales en plena reunión? ¿Es de la incumbencia de los hijos si a la madre le gusta el cunnilingus (sexo oral) y al padre le gusta entrar contra natura con su esposa?, ¿ El menor debería gritar a los cuatro vientos que se masturba ocho veces a la semana sobre el afiche de una modelo famosa que guarda bajo el colchón y Cristina confesar que le gustaría dormir entre los senos de la chica que se sienta junto a ella en la clase de inglés? No es de su incumbencia-  dirían muchos – y tienen razón; independientemente de que debamos respeto y obediencia a nuestros padres, es absurdo que nos pidan que contemos nuestras preferencias sexuales, sean cuales sean, ya que son parte de la privacidad de cada persona, es algo individual que debería ser respetado como tal.

Vivimos vociferando que todos nacemos iguales, que es un derecho constitucional, que todos somos seres humanos, que Dios nos ama por igual, pero cuando se trata de aceptar las diferencias hacemos un paréntesis obligado según los prejuicios de cada quien, no sólo en lo que refiere a l orientación sexual, si no en los gustos por la ropa, las diferencias de credo y cualquier cosa que se le ocurra a la gente para estigmatizar, señalar, criticar.

Ahora, se ha acuñado la frase “ Contra Natura ”, que es sólo una argucia literaria descalificativa para el sexo anal y las relaciones homosexuales, cuando es bien sabido que en el diverso reino animal hay más de 450 especies que tienen prácticas homosexuales y no hay ningún tipo de señalamiento en dichas especies, no verás jamás a un mono golpeando a otro por tener relaciones con otro de su mismo sexo porque la naturaleza es diversa, inteligente y el asunto moral que nos compete no nos separa de ella.

Con todo esto, y para no extenderme en defensa de la homosexualidad como el cobarde anónimo detrás del teclado, creo que aunque los padres tienen derecho a saberlo, prima el derecho a la intimidad, el derecho a no decirlo o a decirlo, sin duda, pero no como la imposición social a la que tenemos que vernos sometidos con obligatoriedad para que puedan juzgarnos y decirnos que está mal, que hay que ir al psicólogo o te vas de la casa y estás muerto para la familia, NO; la confesión de la homosexualidad de un hijo, un amigo, un jefe, un hermano, debería ganarse con confianza, debería ser un logro personal y emocional producto del amor propio y el respeto hacia los demás.

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